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¿Dónde comienza un sí-mismo?
Una experiencia puede darse para alguien sin que ese alguien aparezca en ella como objeto. Un movimiento puede sentirse propio sin sentirse causado por uno mismo. Un recuerdo puede pertenecer a una vida sin que su pertenencia sea una propiedad simple de la experiencia que lo constituye. Allí donde el lenguaje cotidiano dice simplemente yo, la fenomenología encuentra diferencias que no deberían ser confundidas.
De esa fisura parte una pregunta más incómoda: ¿el sí-mismo posee realmente una arquitectura diferenciable, o llamamos sí-mismo a una unidad que nuestras teorías todavía no saben descomponer?
For-me-ness, me-ness, mineness, propiedad, agencia, corporalidad, historia, resistencia, trayectoria. Ninguno de estos conceptos basta por sí solo. Su problema comienza precisamente cuando dejan de coincidir.
Pero el sí-mismo tampoco existe en aislamiento conceptual. Cada experiencia de mismidad se encuentra con otras configuraciones, con otros cuerpos, otras historias, otras capacidades de respuesta. Comprender al otro no consiste simplemente en representarlo correctamente: depende de condiciones de compatibilidad, ajuste, desajuste, resistencia y transformación. El vínculo puede producir acoplamiento, pero también desacoplamiento. Y aquello que parecía una propiedad interna del individuo puede revelarse como dependiente de la relación.
Aquí aparece la hipótesis que organiza la investigación: el acoplamiento podría constituir un principio común capaz de vincular la arquitectura del sí-mismo con la intersubjetividad sin reducir ninguna de las dos a la otra.
Pero una hipótesis filosófica no se fortalece por su elegancia.
Debe poder ser confrontada.
Por eso la pregunta decisiva no es únicamente qué puede explicar esta arquitectura, sino qué observación podría mostrar que está equivocada.
Entre fenomenología, teorías del minimal self, Predictive Processing, cognición corporizada, teorías relacionales y Double Empathy, se construye aquí un programa que avanza desde la distinción conceptual hasta la operacionalización, el diseño experimental, la modelización, la replicación y la falsación.
La Ontología de la Practicabilidad entra entonces en un territorio donde ya no alcanza con proponer conceptos: debe aceptar la posibilidad de perderlos.
Porque quizá el sí-mismo tenga una arquitectura.
Quizá esa arquitectura sea relacional.
Quizá el acoplamiento permita comprender ambas dimensiones.
O quizá los datos obliguen a abandonar la hipótesis.
La diferencia entre una filosofía que interpreta el fenómeno y una teoría que se expone al mundo comienza exactamente allí donde aparece la posibilidad de ser refutada.
Ahoj! Jsem Libroamiko, tvůj knižní rádce.
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