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El pensamiento crítico es una herramienta poderosa para fortalecer el movimiento masculinista (o de derechos de los hombres), permitiendo un crecimiento en su base epistemológica (conocimiento fundamentado), científica (basada en evidencia empírica) y filosófica (reflexión ética y conceptual). Al aplicarlo, se puede fomentar un activismo más sólido y nutritivo, orientado hacia una sociedad equitativa donde se avancen derechos para los hombres sin menoscabar los de otros grupos, evitando enfoques de suma cero. A continuación, detallo formas prácticas de aplicación, basadas en un procedimiento sistemático adaptado a este contexto.
En un debate público cada vez más polarizado, esta serie propone una tercera vía: un masculinismo crítico que defienda la dignidad, los derechos y el bienestar de los hombres sin necesidad de atacar los avances legítimos del feminismo ni los derechos de las mujeres.
No es una reacción airada, no es una réplica simétrica, no es un feminismo al revés. Es una propuesta autónoma, filosófica y práctica que coloca al hombre -por primera vez en décadas- en el centro de su propia narrativa, sin pedir permiso y sin sentir culpa por hacerlo.
¿Qué lugar ocupa el varón en la especie humana? ¿Cómo asumir las expectativas contradictorias que hoy se le imponen (ser fuerte pero no tóxico, proveer pero no patriarcal, proteger pero no protector, emocional pero no vulnerable)? ¿Cómo construir relaciones de género justas cuando una parte importante del discurso público presenta al hombre como problema estructural y nunca como sujeto de derechos?
Estas preguntas no buscan enfrentar a hombres contra mujeres, sino superar la dialéctica de la culpa para alcanzar una síntesis superior: una convivencia que reconozca diferencias reales (biológicas, estadísticas, históricas) sin convertirlas en jerarquías morales.
Inspirado en la dialéctica hegeliana (tesis-antítesis-síntesis) y en el materialismo histórico, este masculinismo crítico confronta contradicciones internas y externas para generar un nuevo marco de comprensión y acción. La maldad y la bondad no tienen género; la precariedad sí tiene rostros diferenciados. Solo integrando ambas verdades podremos construir una igualdad auténtica.
En este libro abordaré:
Este libro continuador de mi obra está dirigido a hombres y mujeres que estén dispuestos a pensar más allá de los eslóganes y a construir un mundo donde ningún cuerpo humano sea considerado prescindible.