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Cien años de soledad es una de las novelas en español más leídas. Siempre se la asocia al llamado "realismo mágico". Cosas de los críticos. Para mí es ante todo una saga familiar, la saga de siete generaciones de la familia Buendía. También puede decirse que es una novela histórica.
En una novela así asistimos a un fluir continuo de personajes y destinos; historia personal y devenir histórico se entrelazan hasta confundirse; lo mismo ocurre con los personajes y Macondo: no se sabe donde terminan unos y empieza el otro.
Sí, una novela como Cien años de soledad enriquece nuestra percepción de la realidad. Lo han experimentado muchos lectores desde 1967.
Apenas se publican novelas así. Para mí es frustrante, y sé que también lo es para muchos lectores: tienen sed de sagas familiares como esta.
Esto no debe extrañar. Para un escritor, llegar a este nivel es un reto mayor: hay que perfilar múltiples personajes; hay que crear una geografía poderosa; todo tiene que resultar creíble; y hay que conseguir que el lector no pueda abandonar la lectura.
Ocurre que hace unos años tuve la osadía de afrontar este reto. El resultado ha sido Orvallo.
¿Por qué he escrito esta novela? ¿Para demostrar algo? No, todo es más sencillo.
Orvallo es una novela que tenía que escribir, me rondaba en la cabeza desde que conocí Galicia en mi juventud. Sentí un flechazo cuando llegué a la estación de La Coruña. Me enamoré para siempre de Galicia cuando salí de esa estación de aires nórdicos. Un orvallo fino bañaba las calles empedradas. Recuerdo que en los altavoces de una tienda de discos de la calle Real se escuchaba la voz de Julio Iglesias. Un canto a Galicia era la canción que interpretaba, que se podía escuchar desde la calle.
Desde entonces supe que algún día tendría que escribir una novela sobre Galicia y sobre el orvallo que me recibió aquel lejano día.
En Orvallo pasan muchas cosas. El hilo conductor es la historia de tres generaciones de una familia, pero hay otros personajes que han ido cobrando vida: don Paco, el anciano médico de La Habana; don Anselmo, el cura de Albariz; don Pedro, conde de Ancéis; su hermana Amalia... Todos me decían que querían ser, salir a la luz, vivir.
En Orvallo, historias personales y devenir histórico se entrelazan hasta confundirse. Están las vidas de los personajes, pero también la peripecia colectiva de los emigrantes gallegos en América: desde la pobreza que les empuja a partir hasta la vuelta de algunos convertidos en indianos ricos.
En Orvallo, los personajes son inseparables de la geografía en la que habitan. No es casual que la novela se titule así. El paisaje y el clima son también protagonistas. Es la Galicia más recóndita: la del río Eume y las tierras que atraviesa.
Son un lugar montaraz, indómito y arisco, de constantes lluvias y niebla densa y frecuente.
Son un lugar donde la vida es dura y siempre ha vivido poca gente. Las grandes turberas me recuerdan las de las montañas del norte de Escocia. Nunca ha sido fácil vivir aquí, todo empuja a emigrar.
Allí están las fragas del Eume, un espeso bosque de robles y hayas atravesado por el río. Todo lo domina una luz velada, tamizada por el ramaje de los árboles.
Esta tierra ha inspirado Orvallo. Se metió en mi cabeza y he terminado recreándola. La he convertido en una geografía mítica, que se nutre de la original pero es ya otra cosa.
El lector juzgará si me acerco a la complejidad y riqueza de Cien años de soledad. Por mi parte he buscado que al lector le pase como cuando lee la gran novela de Gabriel García Márquez: que, cuando empiece, no pueda dejar de leer; y que, cuando termine, ya no sea el mismo: su visión del mundo es más rica y profunda.
Ahoj! Jsem Libroamiko, tvůj knižní rádce.
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